Le estoy diciendo lo que acaba de leer. Que si yo estoy aquí es porque USTED acaba de morirse. Que ESO de ahí es su propio cadáver. Y que hoy es el primer día del resto de su muerte.
Paula se sentó en su mitad del sofá y contempló lo vacía que había quedado la otra mitad de su existencia. Y se volvió a preguntar por qué nos empeñamos en llenarla siempre con otra persona. Por qué llevaba años empalmando una pareja con la siguiente. Por qué, de todas las cosas difíciles e importantes que había aprendido a lo largo de estos años, nunca figuraba en la lista la asignatura pendiente de estar sola.
[…] Paula había comprobado que su corazón era divisible por la mitad. Y luego por la mitad de la mitad. Y después por la mitad de la mitad de la mitad. Y así infinitamente. Pero de lo que nadie le había advertido es de que cada vez que lo dividimos, los sentimientos que puede albergar nuestro corazón son más pequeños.
-Estamos hechos de relaciones, […]. Son nuestras relaciones las que nos configuran como individuos. […]. Lo único que hace de nuestra vida una experiencia humana única e irrepetible.
[…]
-Si no eres capaz de describir tu vida en clave de relaciones, eso es que tu existencia no ha servido más que para consumir pañales, recursos y energía.
[…] fue aquel día cuando descubría que las lágrimas se derraman, […]. No se caen, ni se tiran, ni se vierten. Se derraman. Como si se hubieran estado acumulando a lo largo de los años en las vasijas del querer.
[…] en ocasiones, la nostalgia es tan caprichosa que no necesita argumentos para doler. Se pueden echar de menos amores que jamás ocurrieron. Se pueden extrañar situaciones que no llegaron a pasar. De hecho si nunca te ha ocurrido, eso es que nunca has querido encima de tus posibilidades. Y si nunca has querido por encima de tus posibilidades, tu corazón no ha pasado de ser un órgano hueco que impulsa sangre.
Que la muerte te acompañe
Risto Mejide
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